Lecciones Del Pasado

Lecciones Del Pasado

“Aquellos que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo”

– George Santayana n. 16 Diciembre 1863 en Madrid, España.

Actualmente vivimos en tiempos “sin precedentes”, al menos eso es lo que los políticos y los gobernadores de los bancos centrales siguen reclamando diariamente. Mario Draghi, actual Presidente del Banco Central Europeo (BCE), utiliza con frecuencia la frase “aguas inexploradas”. Draghi ha usado esa frase en numerosas ocasiones cuando habla de Grecia: “Si Grecia dejara el euro, estaríamos en aguas desconocidas”.

Sin embargo, algunas de estas aguas están muy bien registradas y navegadas.
Antes de la adopción del euro, cada nación europea tenía su propia moneda soberana independiente, siendo los más destacados el marco alemán, el franco francés y la peseta española. No obstante, estas monedas soberanas pertenecían cada una a un sistema monetario. Por ejemplo, la Peseta inicialmente pertenecía a la Unión Monetaria Latina (‘UML’), establecida en 1865 y, durante más de 100 años, la moneda española estaba vinculada a un metal precioso: equivalía a 4,5 gramos de plata o 0,2903 gramos de oro, el estándar utilizado por todas las monedas de la UML. Desafortunadamente, el desorden político de principios del siglo XX y los efectos de la Primera Guerra Mundial causaron la desaparición de Unión Monetaria Latina.

Luego, en 1959, España se convirtió en parte del Sistema de Bretton Woods, vinculando un valor de 60 pesetas = 1 dólar estadounidense. En 1967, la peseta siguió la devaluación de la libra británica, manteniendo un tipo de cambio de 168 pesetas = 1 libra esterlina y estableciendo una nueva tasa de 70 pesetas = 1 dólar estadounidense. En 1971, Estados Unidos término unilateralmente la convertibilidad del dólar estadounidense al oro, lo que puso fin al sistema de Bretton Woods.

De nuevo, la peseta se encontró sin un sistema monetario, hasta que fue reemplazada por el euro en 2002 con un tipo de cambio de 1 euro = 166.386 pesetas.

Como se ilustró anteriormente, algunas de estas aguas están muy bien registradas. La salida de los sistemas monetarios, las consecuencias de niveles de deuda insostenibles y los efectos del establecimiento de controles de precios son todos ejemplos válidos. La historia de los controles de precios muestra que no funcionan: son contraproducentes para los gobiernos porque asignan mal el tiempo y el dinero. También limitan la imaginación puesto que las personas hacen las cosas mal porque las señales de precio son incorrectas.

Walter Bagehot, un maravilloso periodista victoriano que fue editor de The Economist (El Economista) en los años 1860-1870, dijo una vez que John Bull, la personificación proverbial de Gran Bretaña, “puede soportar cualquier cosa, pero no puede soportar el dos por ciento”. Quería decir que la economía británica no podría funcionar con tasas de interés bajas. ¿Por qué? Debido a que las bajas tasas de interés generan especulaciones imprudentes y asignan inadecuadamente los recursos: si el dinero no cuesta nada pedir prestado, la gente lo gasta de forma imprudente. Bagehot obviamente hablaba del 2% positivo. Los bancos centrales de Dinamarca, Suecia, Suiza y Japón han reducido las tasas de interés a niveles negativos, lo que significa que las personas pagan a los bancos por mantener sus depósitos.

¡Qué contraste con la oferta de Vivier!

Las tasas de interés negativas son de hecho un tipo de control de precios. Ocurren porque la gente está “al frente”, tratando de comprar bonos antes del Banco Central Europeo (BCE), que ya se ha comprometido a comprar. El BCE va a comprar $ 60 mil millones de estos bonos cada mes hasta que se les agote la paciencia, el tiempo o la determinación. Mientras tanto, estos bonos proporcionan un viaje gratis para los especuladores.

Si las compañías de seguros venden bonos y recaudan efectivo, ese efectivo conlleva un requerimiento de capital más pesado y menos ventajoso que la tenencia de bonos soberanos. Por lo tanto, las compañías de seguros, los bancos y otras entidades reguladas se han embarcado en compras masivas de bonos que han exacerbado aún más los absurdos niveles de deuda soberana. Dado que las compañías de seguros europeas son recompensadas por este tipo de comportamiento, la política regulatoria se muestra como perversa.

Según las estimaciones del FMI, los gobiernos han acumulado más de $ 63 billones (trillones en inglés) de dólares en deuda total. La siguiente visualización presenta el desglose de cada país como un porcentaje de la deuda global total.

 

Las tres secciones (y porcentajes) más grandes coinciden con las tres economías más grandes del mundo. Sin embargo, el cuarto porcentaje más grande es Italia, a pesar de que es la novena economía más grande. Es por eso que una representación per cápita de los niveles de deuda es más apropiada e ilustrativa, como se puede evidenciar a continuación.

 

 

El autor de este artículo, su actual servidor, vivió y trabajó en Japón durante tres años: dado que casi toda la deuda de Japón es interna, su situación es única. Sin embargo, el resto de los países mencionados anteriormente son susceptibles a los acreedores externos que pueden reclamar préstamos, como ocurrió con Grecia (aguas registradas). Los ciudadanos en 9 de cada 10 países, representados cerca del centro del mapa y que cargan más deuda, vienen siendo países europeos. El nivel de deuda de España, por ejemplo, significa que cada hombre, mujer y bebé tendría que contribuir $ 26,800 dólares para pagar la deuda del país, una deuda que está creciendo como se menciona al principio del artículo.

Existen tres formas de medir la exposición al riesgo de la deuda soberana, ya que esto se relaciona con la economía y las finanzas de cada país.

1. Deuda-a-PIB

Esta relación mide el valor de la deuda pública con respecto al valor del Producto Interno Bruto (PIB) de cada país.  El PIB son los bienes y servicios finales generados por la economía en un año.   Sin embargo, la producción total no representa los ingresos fiscales que se pueden utilizar para pagar la deuda.

2. Deuda-a-Ingresos Totales

Esta relación mide el valor de la deuda pública con respecto al ingreso total (incluyendo recaudación fiscal a nivel federal, estatal, y municipal).  Esta relación nos puede dar una idea de cuantos ingresos fiscales se requieren para pagar la deuda.

3. Deuda-a-Ingresos Totales

Esta relación mide el valor de la deuda pública con respecto al ingreso total (incluyendo recaudación fiscal a nivel federal, estatal, y municipal).  Esta relación nos puede dar una idea de cuantos ingresos fiscales se requieren para pagar la deuda.

La medición de los niveles de deuda como un porcentaje del PBI total nos da la siguiente tabla:

Los países que se ubicaron en el puesto #6 al #10 con la mayor proporción de deuda-a-PIB fueron Irlanda, Bélgica, EE. UU., Francia y España.

Si tuviéramos que medir la deuda soberana de España con el segundo enfoque, como porcentaje del ingreso total (esto incluye todos los ingresos tributarios federales, estatales y municipales), entonces España se ubicaría como el octavo país más endeudado.

Sin embargo, si excluimos cualquier contribución o ingreso fiscal de los municipios (pensemos en Catalunya), entonces España salta al tercer país más endeudado del mundo. Esto coloca a España por delante de Grecia, que ocupaba el segundo lugar en deuda-PIB, y el segundo lugar en deuda con los ingresos totales, pero ahora ocupa el puesto # 4 en ingresos del gobierno central.

 

Vivier cree que estos niveles absurdos de deuda resultarán en correcciones a los rendimientos y a las tasas de cambio de divisas. Seguimos siendo muy optimistas con los depósitos bancarios de corto y mediano plazo de alto rendimiento, pero tenemos una perspectiva cautelosa con respecto a los instrumentos de bonos.

Los reguladores siguen diciendo que los bonos soberanos son seguros, como si fueran tan intrínsecos. Pero la verdad sobre los activos es que nada es intrínsecamente nada. Todas las cosas son seguras o no, están cargadas de valor o no, dependiendo del precio, las ganancias y la perspectiva. Sin embargo, el mundo ha accedido silenciosamente a la idea de que los bonos son intrínsecamente seguros. El Wall Street Journal y Financial Times utilizan un lenguaje como “bonos super-seguros”. En la década de 1980, cuando estos bonos soberanos estaban cediendo 15-20 por ciento, nadie los llamaba seguros.

Vivier ha ofrecido consistentemente más del 6% de interés anual sobre sus depósitos a largo plazo denominados en USD, GBP, EUR, JPY y CHF. ¿Puede encontrar algún producto de inversión de renta fija más confiable en el mercado?

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